Carta del 1ro de Abril de 1863

 

“THE MUSICAL STANDARD – 1° de Abril de 1863.

(pp. 242 y 243)

DR. WESLEY SOBRE EL TEMPERAMENTO IGUAL.

Del Exeter Flying Post de Trewman, 28 de Enero.

Señor- En su artículo del 7 del corriente, usted expresa su deseo de conocer mi opinión sobre la conveniencia de afinar los órganos mediante el «temperamento igual».

Habiendo, confío, prestado la debida atención a todo lo que ha sucedido sobre esta cuestión, tal vez no me incumba permanecer en silencio; pero me permito observar que no tengo ninguna intención de expresar públicamente mi opinión, y cedo a sus deseos porque me opongo decididamente a este nuevo modo de afinar órganos, y porque el público debe incurrir en un gasto considerable para restaurar un órgano a su estado original dondequiera que se haya introducido el temperamento igual.

El órgano es un instrumento capaz de sostener sonidos musicales en cualquier extensión, lo que hace que las imperfecciones de la afinación sean observables, en el más alto grado, para cualquier oído musical. Hasta hace muy poco, la práctica de todos los constructores de órganos, al afinar órganos, ha sido arrojar las imperfecciones naturales de la escala dentro de las tonalidades menos utilizadas por los intérpretes del instrumento, y para hacer algunas tonalidades -las más utilizadas- tan buenas como sea posible; bajo este sistema, se convirtió en deber del organista tocar completamente en las buenas tonalidades, y detenerse lo menos posible en los defectos; tales defectos son, como se admite, dolorosamente discordantes para el oído.

El «temperamento igual» distribuye los defectos en proporciones más pequeñas por todas las tonalidades, sin dejar nada bien afinado; sin dejar nada en lo que un oído perfecto pueda detenerse con placer; y este sistema se defiende con el argumento de que permite al intérprete modular en tonalidades extrañas sin sufrir la hiriente desigualdad del anterior modo de afinación.

Ahora bien, por muy agradable que sea liberarse, al tocar en las tonalidades hasta ahora prohibidas, de la dolorosa desigualdad denominada "el lobo", considero que la libertad se paga demasiado cara con el sacrificio de las buenas tonalidades. Creo que los constructores de órganos que ahora adoptan el "temperamento igual" admiten que, en lo que respecta a la música eclesiástica, el antiguo sistema es mejor; pero insisten en que, en las salas de conciertos, el órgano así afinado no puede utilizarse en conexión con la banda. A este razonamiento no le doy ningún peso. Las objeciones al temperamento igual se aplican forzosamente a los órganos de salas de conciertos como a los de Iglesia. Los defectos son similares, y es deber del intérprete evitar los defectos tanto en un caso como en el otro. La "parte" del organista debe ser escrita para él por el compositor. Ningún otro intérprete de la banda puede fabricar su propia "parte". Lo que el organista debe tocar debe ser preparado por el compositor, cuya tarea es evitar defectos en el órgano tanto como en cualquier otro instrumento.

El asunto no es uno en el que la ciencia moderna pueda arrojar luz adicional. Las propiedades naturales de la escala diatónica no son un descubrimiento nuevo. Se admite que todos los eminentes constructores de órganos del pasado, y creo que también los organistas, han rechazado el temperamento igual. ¿Cómo se explica este hecho? Pues mediante una alusión a las obras de Sebastian Bach. Podría Bach ser nombrado entre los defensores del temperamento igual, pero pocos, si es que alguno, de los que aprobaron el método contrario se habrían aventurado a expresar sus propias opiniones individuales, aunque la evidencia a su favor pudiera parecerles irresistible. 

Sin duda, se consideró que tal testigo era el único capaz de refutar el testimonio concurrente de los constructores de órganos de épocas anteriores. Bach es presentado simplemente por haber compuesto preludios y fugas en todas las tonalidades. ¿Los compuso para el órgano? No. Fueron compuestos para “el clavicordio bien temperado”, pues su música para órgano, cabe señalar, se compuso invariablemente en las buenas tonalidades del instrumento. No hay evidencia de que ni siquiera el clavicordio estuviera afinado en el temperamento igual; sobre este punto, remito al lector a la Vida de Bach de Forkel. El célebre constructor del órgano en el que Bach tocó durante largos años -Silbermann- fue, como es sabido, un firme defensor del modo establecido para afinar los órganos. Parece increíble que él se opusiera al juicio de Bach.

Solo añadiré que entre mis conocidos profesionales nunca encuentro una opinión completamente favorable al temperamento igual. La mayoría de los organistas que he encontrado son decididamente hostiles, y cualquier favor que recibe no es más que decir que al principio lo consideraron insoportable, pero "se fueron acostumbrando". Esto parece inducir a la pregunta: ¿deben las impresiones de aquellas personas que no tienen la oportunidad de "acostumbrarse" ser de ninguna manera reconsideradas, incluyendo, como con toda probabilidad ocurre, a todos los miembros de una congregación excepto al organista? Además, parece cuestionable que la opinión de un organista sea totalmente imparcial, así sea en caso de que haya impugnado, en un primer momento, la conveniencia de adoptar el modo de afinación que se comenta, ya que, para repetir una observación anterior, una vuelta al temperamento diatónico conlleva un gasto considerable.

Habiendo considerado esta cuestión con mucho cuidado, soy de la opinión de que el juicio emitido por nuestros progenitores musicales, cuyos oídos eran, sin duda, tan sensibles y agudos como los nuestros, fue perfectamente correcto. El temperamento igual no sirve para los órganos.”


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